dilluns 29 de novembre de 2010

Pinya dixit

Primera exposición individual en Mallorca de Albert Pinya (Palma, 1985) que nos vuelve a seducir con sus frescas y audaces propuestas.

Un mural nos da la bienvenida a la Galeria Feran Cano con un cementerio de judíos; el psicoanalista Sigmund Freud, el dramaturgo Arthur Miller, el poeta Allen Ginsberg o el pintor Chaïm Soutine se presentan en fila, uno al lado de otro, hombro con hombro, como si de una batalla épica se tratase. La historia triste y vergonzosa de los xuetes de Mallorca sigue degradando a ciertos individuos, pero el gesto nos hace libres y eso lo sabe bien el artista.
Originalidad y personalidad de una obra emparentada con la estética kitsch, con la poética del objeto, con el humor inteligente y provocador. Como si de souvenirs del recuerdo que explican emociones, vivencias nostálgicas, tiernas, corrosivas, irónicas, hasta macabras, nos imprime con su obra una sensación de sueño eterno del que no queremos salir.
Juegos visuales ciertamente impactantes que se valen de los acrílicos sobre tela, de las proyecciones, de la instal.lación y por primera vez del grabado, para mostrar su incesante iconografía: aviones fálicos, planetas, escarabajos, nubes, dinosaurios, calaveras, penes con alas, naves espaciales… Flirteo constante entre el exhibicionismo de la obra de arte y nuestra capacidad de vouyeurs que termina por ampliar nuestra mirada hasta límites inusitados. Ya lo practicaron los surrealistas como Duchamp, Breton o Picabia pero el arte evoluciona, y su discurso también. Hoy día puede que sea más un servicio a la comunicación entre las personas.
Albert Pinya aporta una mirada especial e insólita que recorre la cultura contemporánea y que la convierte en una experiencia que arrebata sonrisas. Su obra nos remite a objetos que ya hemos consumido pero todo bajo una capa de color extremo, de energía impactante. Un artista poliédrico que se atreve a evolucionar, un Pinya de las inquietudes, de las intuiciones, de las obsesiones, que quizá sean la base de la figura que él se obstina tanto en construir.



(fotos Pepe Cañabate)

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